El Gobierno de México, con el apoyo de la presidenta Claudia Sheinbaum, presentará esta semana ante la Cámara de Diputados la iniciativa para reducir la jornada laboral a 40 horas semanales. La propuesta contempla un esquema gradual que iniciaría en 2026 con 46 horas semanales y se ajustaría progresivamente hasta alcanzar las 40 horas en 2030, permitiendo a las empresas reorganizar turnos y personal sin afectar operaciones ni empleo. Se analizarán modelos de horarios flexibles para distintos sectores, incluyendo manufactura, ventas, transporte y empresas pequeñas.
Algunas empresas y sindicatos ya planean pruebas piloto desde enero de 2026, principalmente en plantas de manufactura y ventas, para evaluar la transición. Las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), que representan la mayoría de los negocios en México, enfrentan riesgos por los ajustes, como la necesidad de contratar más personal, pagar horas extra o reducir horarios de operación, por lo que se proponen incentivos fiscales y asesoría técnica para facilitar la implementación.
La reducción de jornada busca alinear a México con estándares internacionales, aumentar la productividad, disminuir el agotamiento laboral y mejorar el clima laboral. Sin embargo, los beneficios dependerán de la capacidad de adaptación de cada empresa y del acompañamiento a las mipymes, marcando un cambio significativo en la legislación laboral que podría transformar la rutina de millones de trabajadores en el país.