En San Juan de Lurigancho, Lima, una familia que decidió prestar su vivienda para velar a un hombre fallecido se encontró en una situación inesperada y angustiante. El fallecido, identificado como Alex Jaramillo, de 57 años, murió a causa de tuberculosis, y sus familiares no contaban con un lugar donde realizar el velorio, por lo que solicitaron apoyo a los vecinos.
Lo que comenzó como un acto de solidaridad se convirtió en un abandono. La familia que ofreció su hogar para la capilla ardiente relata que, tras llevar al señor Jaramillo, los familiares permanecieron brevemente, se tomaron fotografías y luego desaparecieron. En días posteriores, intentaron regresar con supuestos planes de entierro, pero cancelaron los arreglos y dejaron el cuerpo en la vivienda. Posteriormente, otros familiares del fallecido aseguraron que irían a gestionar un nicho, pero nunca se presentaron. Como resultado, el cuerpo del hombre permaneció varios días en la casa de los vecinos, mientras los familiares permanecieron ausentes.
La situación se complicó debido a la falta de documentación necesaria para realizar el entierro. La familia que prestó la vivienda tuvo la responsabilidad de resguardar el cuerpo sin contar con los permisos que permitieran darle cristiana sepultura. El abandono por parte de sus propios familiares dejó al fallecido en una situación delicada y puso a los vecinos en una difícil encrucijada legal y humana.