Con historias de vida que pesan más que cualquier medalla, corredores indígenas mexicanos dejaron huella en el Ultramaratón de Hong Kong. Emmanuel Sedglach, originario de Veracruz, completó los 50 kilómetros con una prótesis en la pierna izquierda, demostrando que los límites no siempre están en el cuerpo. Miriam Morales, desde la sierra norte de Oaxaca, se coronó campeona en los 33 kilómetros, mientras que Saira Cruz, chiapaneca, resistió 180 kilómetros en tres días, desafiando prejuicios y agotamiento extremo.
Más allá de los resultados, los atletas coincidieron en que su verdadera meta era representar a sus comunidades y llevar sus raíces al otro lado del mundo. Los tres forman parte de México Imparable, un proyecto que busca visibilizar a deportistas de pueblos originarios. “No solo corremos por tiempos, corremos por identidad”, compartieron, recordando que cada paso también es una forma de resistencia y orgullo cultural.
En las montañas asiáticas no solo llevaron tenis y equipo deportivo: cacao, café y chile viajaron con ellos como combustible emocional. Ese vínculo con la tierra fue clave para seguir cuando el cuerpo pedía parar. Tras su participación en Hong Kong, el proyecto ya mira hacia su próxima parada: Raíces de Tierra, una carrera que se celebrará el 22 de marzo en Oaxaca y que busca seguir descubriendo talento indígena que, hasta ahora, ha corrido lejos de los reflectores.