El Papa Francisco, de 88 años, continúa hospitalizado en el hospital Gemelli de Roma tras complicaciones derivadas de una doble neumonía. Aunque sufrió una nueva recaída con episodios de insuficiencia respiratoria aguda, ha mostrado una leve mejoría al cambiar la mascarilla de oxígeno por una cánula nasal más ligera. Sin embargo, su estado sigue siendo delicado y su pronóstico es reservado, generando preocupación en el Vaticano y entre los fieles.
Durante su hospitalización, que ya suma 19 días, el pontífice ha presentado crisis respiratorias recurrentes, broncoespasmos y la necesidad de procedimientos médicos como broncoscopias y una transfusión de sangre. Su ausencia en eventos importantes, como el Ángelus dominical y las celebraciones del Miércoles de Ceniza, ha incrementado las dudas sobre su capacidad para cumplir con sus funciones en el futuro, especialmente de cara a la Semana Santa.
Mientras el Papa descansa y sigue bajo observación médica, los fieles se congregan en las afueras del hospital para orar por su recuperación. A pesar de los rumores sobre una posible renuncia, Francisco no ha dado señales de considerar esa opción. Su estado de salud sigue siendo una incógnita, y su evolución en los próximos días será clave para determinar su participación en las celebraciones litúrgicas venideras.