Tras el reciente anuncio del expresidente estadounidense Donald Trump sobre la imposición de nuevos aranceles a más de 60 países, México emerge como uno de los pocos países beneficiados por quedar fuera de la lista. Esta decisión coloca a la economía mexicana en una posición estratégica frente a competidores asiáticos como China, Vietnam e Indonesia, quienes sí enfrentarán gravámenes de hasta 47%.
De acuerdo con el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, México no fue incluido en los llamados “aranceles recíprocos” del 10% que EE.UU. impondrá a la mayoría de sus socios comerciales. Esta exclusión le otorga al país una ventaja competitiva clave en medio de un entorno global de creciente proteccionismo.
Analistas de Banamex y firmas internacionales como Aberdeen Investments señalan que México se encuentra en mejor posición para atraer inversión extranjera, debido a su cercanía con el mercado estadounidense, su integración industrial con el país vecino y los bajos costos laborales, comparables —e incluso más competitivos— que los de China si se considera el impacto arancelario.
“La mano de obra mexicana gana hasta cuatro veces menos que la estadounidense en el sector manufacturero, lo que, junto con los beneficios del T-MEC, hace del país una opción atractiva para empresas que buscan diversificar sus cadenas de suministro”, afirmó Joaquín Barrera Alonso, de Sura Investment.
A pesar de esta ventaja temporal, expertos advierten que la incertidumbre comercial sigue latente. Arantza Alonso Berbotto, analista de Verisk Maplecroft, indicó que el mantenimiento de aranceles del 25% a ciertos productos fuera del T-MEC —como acero y aluminio— y la posible revisión del tratado en 2026 generan dudas sobre la estabilidad a largo plazo.
“La exclusión de los nuevos aranceles es positiva, pero no garantiza un crecimiento sostenido ni un aumento significativo en la inversión a corto plazo”, agregó Alonso.
Además, la inflación global, los retos logísticos postpandemia y la falta de claridad sobre la duración de los aranceles de Trump podrían frenar el impulso mexicano si no se gestionan con cautela.
Por ahora, México mantiene su estatus como “ganador relativo” en la nueva guerra comercial. La clave estará en cómo el país aprovecha esta ventana de oportunidad para fortalecer su infraestructura industrial, diversificar sus exportaciones y reforzar su posición en las negociaciones del T-MEC.
Mientras tanto, la incertidumbre persiste, y el gobierno mexicano tendrá que maniobrar con diplomacia y estrategia para no perder terreno frente a otros jugadores que, sin duda, también buscarán adaptarse al nuevo mapa comercial global.