Un pastor evangélico y su pareja fueron condenados a cadena perpetua en Argentina por el brutal asesinato de Zoe, una niña de 4 años. La menor fue golpeada y posteriormente quemada viva por su madre, Gimena Julieta Córdoba, y su pareja, Andrés Bustamante, quien además colaboró en el crimen al proporcionar combustible y encendedor. Los forenses confirmaron que la niña aún estaba viva al momento de ser incinerada, lo que causó una fuerte conmoción pública y un prolongado juicio que culminó con la máxima pena para ambos responsables.
El caso generó indignación no solo por la crueldad del crimen, sino también por las reiteradas omisiones de las autoridades. Zoe vivió sus primeros años con su familia paterna hasta que su madre, con antecedentes de abandono, adicciones y prostitución, reclamó la custodia. A pesar de siete denuncias previas de violencia, las autoridades le entregaron a la menor. El fallo judicial también expuso graves fallas en la protección infantil y cuestionó duramente a la Secretaría de la Mujer, Familia y Género por no activar los protocolos necesarios.
Durante el juicio se revelaron diagnósticos psiquiátricos alarmantes: Córdoba fue descrita como una persona psicopática sin capacidad de apego, incluso hacia su hija; mientras que Bustamante, un falso pastor de 74 años, fue señalado como manipulador con rasgos psicopáticos. La sentencia incluyó tratamientos psiquiátricos obligatorios para ambos. El padre de Zoe, quien solo pudo reconocer legalmente a su hija después de su muerte, expresó en redes sociales que, aunque nada le devolverá a su hija, finalmente se ha hecho justicia.