Fortino Vidal Lara, repartidor de una empresa refresquera en Huimanguillo, Tabasco, murió recientemente a causa de un infarto, luego de haber laborado durante semanas en jornadas prolongadas que iniciaban a las seis de la mañana y se extendían hasta después de las ocho de la noche. La carga laboral, según testimonios, le dejaba escaso margen para convivir con su familia o atender su salud.
Pese a presentar malestares físicos y síntomas que advertían un posible deterioro en su estado, el trabajador continuó desempeñando sus funciones. Solicitó días de descanso para acudir al médico y realizarse estudios, pero la empresa habría rechazado su solicitud, en un contexto donde se priorizaba el cumplimiento de la ruta diaria sobre su bienestar.
Tras conocerse el caso, diversas reacciones en redes sociales han señalado con indignación la aparente falta de empatía por parte de la empresa, resaltando las condiciones laborales precarias y la presión que enfrentan algunos empleados para mantenerse activos, incluso a costa de su salud.
Entre los comentarios difundidos, una persona cercana relató que ese día Don Fortino habría salido a ruta con solo un ayudante, pues no contaron con un tercero, y que en realidad había acudido a entregar documentos para solicitar su incapacidad y vacaciones. Sin embargo, decidió trabajar una vez más para sacar el día, sin saber que sería su última jornada. Aunque esta versión no ha sido confirmada oficialmente, ha reforzado el sentir de quienes lo recuerdan como un compañero dedicado, solidario y querido por quienes lo conocieron.