El martes 3 de junio, varios museos de la Ciudad de México suspendieron sus actividades de forma inesperada, luego de informar que cerrarían por “causas de fuerza mayor”, sin precisar detalles ni fecha de reapertura. Esta medida afectó a espacios como el Castillo de Chapultepec, el Museo Nacional de Antropología, el Museo Nacional de Historia, el Museo del Templo Mayor y el Museo de El Carmen, entre otros.
La situación llamó la atención debido a que no se había registrado un cierre generalizado de museos desde la pandemia de COVID-19. La capital del país, considerada la segunda ciudad con más museos en el mundo después de Londres, cuenta con 170 recintos de este tipo y 43 galerías. La incertidumbre creció cuando los anuncios del cierre no estuvieron acompañados de una explicación clara. En redes sociales comenzaron a circular versiones que apuntaban a la falta de personal de vigilancia como el motivo principal.
Posteriormente, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) informó que el 30 de mayo se había emitido el fallo de una licitación pública federal para contratar los servicios de seguridad en sus inmuebles a nivel nacional. Como parte de la transición con la nueva empresa, los recintos iniciaron el relevo del personal desde el 1 de junio, lo que derivó en el cierre temporal de algunos museos.
El INAH explicó que esta medida buscó asegurar una transición ordenada, priorizando la protección de los bienes patrimoniales. La empresa adjudicada se comprometió a disponer del personal necesario desde el miércoles 4 de junio. En caso de que no cumpliera, la dependencia advirtió que se aplicarían sanciones administrativas.
Tras la polémica, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que el cierre se debió a un retraso en la adjudicación del contrato de seguridad gestionado por el INAH. Añadió que mientras se resuelve el proceso, la vigilancia en los museos estará a cargo de la Policía Auxiliar para permitir su reapertura.